¿Y si el miedo no fuera un obstáculo, sino una señal de que estás a punto de hacer algo valiente?
¿De dónde vienen nuestros miedos?
La culpa, el juicio social, el perfeccionismo y la falta de referentes femeninos cercanos en espacios de poder son ingredientes comunes del miedo que paraliza. Muchas veces sentimos que necesitamos tener todo resuelto, ser expertas en cada tema o esperar “el momento perfecto” para comenzar. Pero el liderazgo no se trata de estar listas. Se trata de estar dispuestas.
Claves para pasar del miedo al movimiento.
Reconoce tu miedo sin avergonzarte de él. Nombrarlo es el primer paso para enfrentarlo. Haz una lista de las situaciones que te detienen y pregúntate: ¿Qué es lo peor que puede pasar?
Rodéate de otras mujeres líderes. La sororidad es medicina contra el síndrome del impostor. Busca redes como IKIGAI que formen y acompañen tu liderazgo.
Empieza en pequeño. Liderar no comienza en el Senado. Comienza en tu barrio, en tu escuela, en tu comunidad. Cada palabra tuya tiene impacto.
Habla, aunque tengas miedo. Tu voz no necesita ser perfecta, necesita ser auténtica. Lo que tú callas, alguien más lo necesita escuchar.